La epicondilitis o codo de tenista es la afección más común del codo y afecta a las personas que realizan de forma frecuente y continuada movimientos de hiperextensión del codo. En la mayor parte de las ocasiones se trata de una enfermedad provocada por microtraumatismos de tracción repetidos en el punto de inserción de los músculos extensores de la mano y la muñeca. Estos músculos se insertan en una protuberancia situada en el extremo distal externo del húmero denominada epicóndilo.
Según los últimos estudios, afecta al 1-3% de la población, principalmente a personas de mediana edad, independientemente de su sexo. Es bastante común en personas que practican deportes como el tenis o el pádel, en personas que usan reiteradamente el ratón o en obreros, por el uso de martillos neumáticos, taladros y destornilladores eléctricos.
Los síntomas pueden incluir: dolor localizado en la parte externa del codo, debilidad en el agarre, dolor irradiado hacia el antebrazo o incapacidad para poder doblar el codo.
Según gran parte de la evidencia científica, el tratamiento conservador mediante medicación con antiinflamatorios no esteroideos no es de gran utilidad debido a la ausencia de respuesta de impulsores inflamatorios y la posible reducción en la reparación del tendón. El tratamiento con corticosteroides, plasma rico en plaquetas, inyección de toxina botulínica-A, y la proloterapia (técnica médica regenerativa basada en la inyección de dextrosa, a menudo con lidocaína, para estimular la reparación natural), no han recibido el respaldo de la evidencia científica y, en algunos casos, han sido terapias contraindicadas. Varios estudios también concluyen que las intervenciones quirúrgicas no son más eficaces que las intervenciones no invasivas.
La Osteopatía entiende el cuerpo como una unidad funcional. Su enfoque se centra en restaurar la movilidad y el equilibrio del cuerpo para favorecer la autorregulación y la capacidad de autocuración, basada en el principio de que la estructura y la función están íntimamente relacionadas.
En el caso de la epicondilitis, además de tratar el área dolorosa, el osteópata evalúa la cadena biomecánica completa que podría contribuir a la patología, como, por ejemplo: restricciones en el hombro, en la muñeca o en la fascia del antebrazo que aumentan la tensión sobre el tendón afectado; disfunciones o alteraciones cervicales o dorsales que alteren la inervación del antebrazo, o desequilibrios musculares o posturales que afecten a la estructura.
Se puede abordar de manera osteopática mediante técnicas de tejido blando, técnicas de liberación miofascial, manipulaciones articulares o técnicas de estiramiento.
Aunque aún se requieren más estudios de gran magnitud, la evidencia actual respalda el uso de la osteopatía como parte de un enfoque global y personalizado. En los últimos años diversos estudios han explorado el impacto positivo de las técnicas osteopáticas y manuales en esta patología.
Conclusiones
La evidencia científica actual sugiere que el abordaje osteopático puede ser una opción eficaz y segura en el tratamiento de la epicondilitis, especialmente cuando se integra en un enfoque global y personalizado. A diferencia de otros tratamientos conservadores o invasivos con eficacia limitada, la osteopatía ofrece una intervención centrada en la recuperación funcional del sistema musculoesquelético, al abordar no solo la zona afectada, sino también los factores biomecánicos asociados. Aunque se necesitan estudios más amplios y controlados, los resultados preliminares respaldan su uso como parte de una estrategia terapéutica integral.
David Oñoro Ingelmo.
Osteópata de Clínica Thuban


