La importancia y el concepto de “compasión” en el terapeuta

“Alone we can do so little, together we can do so much…”

Helen Keller (1880–1968)

COMPASIÓN

La importancia de la compasión es ampliamente reconocida y está recibiendo cada vez más atención por parte de los investigadores (Strauss et al., 2016). Sin embargo, existe una falta de consenso sobre su definición con ciertos matices que difieren de un caso a otro y una escasez de medidas psicométricamente robustas. Sin una definición acordada y medidas adecuadas, no se puede estudiar la compasión, medirla o evaluar si las intervenciones diseñadas para mejorarla son efectivas. Esto plantea la necesidad de especificidad en la definición del término.

Según el Oxford English Dictionary, la palabra “compasión” proviene del latín “compati“, que significa “sufrir con“. En la literatura, parece haber un amplio consenso de que la compasión implica sentir por una persona que sufre y estar motivada para actuar para ayudarla (Goetz, Keltner and Simon-Thomas, 2010).

En los Estados Unidos, la compasión está consagrada en los Principios de Ética Médica de la Asociación Médica Estadounidense (AMA, American Medical Association), y el punto 1 establece que “Un médico se dedicará a proporcionar servicios médicos competentes con compasión y respeto por la dignidad humana” (AMA, 2020).

En el Reino Unido, la compasión es uno de los seis valores centrales en la Constitución de su Servicio de Salud Nacional (NHS-Departamento de Salud) (NHS, 2020).

La fundación internacional “Compassion in Education” (CoED, 2014) ofrece una gama de servicios a profesionales de la educación para promover la compasión en el sistema educativo.

Más específicamente, en su revisión, Kanov et al. (2004) (Kanov et al., 2004) argumentan que la compasión consta de tres facetas: 1) notando, 2) sintiendo y 3) respondiendo (noticing, feeling, and responding). 1) “Darse cuenta” implica ser consciente del sufrimiento de una persona, ya sea reconociendo cognitivamente este sufrimiento o experimentando una reacción física o afectiva inconsciente. 2) “Sentir” se define como responder emocionalmente a ese sufrimiento y experimentar una “preocupación empática” adoptando la perspectiva de la persona e imaginando o sintiendo su condición. Finalmente, 3) “responder” implica tener un deseo de actuar para aliviar el sufrimiento de la persona. Como en las conceptualizaciones budistas, esta definición sugiere que la compasión no consiste puramente en elementos afectivos y conductuales, sino que también puede tener componentes cognitivos en la medida en que implica ser capaz de imaginar y razonar sobre las experiencias de una persona.

Gilbert (2010) (Gilbert, 2010) considera que la compasión consiste en seis “atributos”: sensibilidad, simpatía, empatía, motivación / cuidado, tolerancia a la angustia y falta de juicio. 1) La “sensibilidad” implica responder a las emociones de otras personas y percibir cuándo necesitan ayuda, lo que parece corresponder a la faceta de “darse cuenta” de Kanov et al (2004). 2) La “simpatía” (definida como mostrar preocupación por el sufrimiento de la otra persona) y 3) la “empatía” (definida como ponerse en su lugar) parecen corresponder a la faceta de “sentimiento” de Kanov et al (2004).

Finalmente, 4) la “motivación” para actuar es similar a la faceta de “respuesta” de Kanov et al (2004). 5) La tolerancia a la angustia se define como la capacidad de tolerar emociones difíciles en uno mismo cuando se enfrenta al sufrimiento de otra persona sin sentirse abrumado por ellos. Gilbert (2010) argumenta que esto es importante porque si nos identificamos demasiado con el sufrimiento de una persona, podemos sentir la necesidad de alejarnos de ella o reducir nuestra conciencia de su angustia, evitando una respuesta compasiva. Esto sugiere que, aunque la compasión se trata de “sufrir con” otra persona, si sentimos una angustia personal tan extrema frente al sufrimiento de otra persona que nos enfocamos demasiado en nuestra propia incomodidad, esto puede dificultar nuestra capacidad de ayudar. 6) El elemento final del modelo de Gilbert (2010) – ‘no juzgar’ – se define como la capacidad de seguir aceptando y tolerando a otra persona, incluso cuando su condición, o respuesta a ella, genera sentimientos difíciles en uno mismo, como la frustración, la ira, el miedo o asco. La idea de que la compasión significa acercarse a aquellos que sufren sin juicio y tolerancia, incluso si en algún sentido son desagradables para nosotros.

Varias definiciones que tienen en común la sugerencia de que en la compasión no solo se trata de sentirse tocado por el sufrimiento de una persona, sino también de querer actuar para ayudarla.

Como respuesta a la carencia de consenso sobre su definición, Strauss (2016) propuso una definición de compasión y ofreció una revisión sistemática de las medidas de autoevaluacíon y de observación. Strauss (2016) propone una nueva definición de la compasión como un proceso cognitivo, afectivo y conductual que consta de los  siguientes cinco elementos que se refieren tanto a uno mismo como a la compasión:

1) Reconocer el sufrimiento; 2) Comprender la universalidad del sufrimiento en la experiencia humana; 3) Sentir empatía por la persona que sufre y conectarse con la angustia (resonancia emocional); 4) Tolerar sentimientos incómodos suscitados en respuesta a la persona que sufre (por ejemplo, angustia, ira, miedo) para permanecer abierto y aceptar a la persona que sufre; y 5) Motivación para actuar / actuar para aliviar el sufrimiento.

En el área de la salud, los operadores confirman que la compasión tiene numerosas ventajas prácticas. Se ha argumentado que el tratamiento compasivo de los pacientes tiene una amplia gama de beneficios, que incluyen mejorar los resultados clínicos, aumentar la satisfacción del paciente con las prestaciones y mejorar la calidad de la información recopilada de los pacientes (Epstein et al., 2005). Por lo contrario, un esfuerzo para aparentar ser compasivos puede contribuir a un mala calidad de la atención al paciente (Najjar et al., 2009). De la misma manera, se cree que la compasión promueve el bienestar individual y mejora la salud mental (Cosley et al., 2010; MacBeth and Gumley, 2012).

Para Perez-Bret, Altisent and Rocafort (2016) la compasión se origina como una respuesta empática al sufrimiento, como un proceso racional que persigue el bienestar de los pacientes, a través de acciones éticas específicas, dirigidas a encontrar una solución a su sufrimiento (Perez-Bret, Altisent and Rocafort, 2016). Por lo tanto, definimos el término compasión como la sensibilidad que se muestra para comprender el sufrimiento de otra persona, combinado con la voluntad de ayudar y promover el bienestar de esa persona, a fin de encontrar una solución a su situación.

Los últimos avances informan que la compasión es el motivo para detectar y abordar el sufrimiento, con el compromiso de tratar de aliviarlo o prevenirlo (Gilbert, 2019). La compasión probablemente surgió de nuestra neurofisiología de cuidado como mamíferos (Marsh, 2019), y se evidencia que facilita la conexión, el cuidado y un mejor funcionamiento social (Ferrari et al., 2019; Kirby et al., 2017; Pommier, 2011).

Sin embargo, como la compasión es inherentemente prosocial, se ha combinado con procesos conceptualmente similares, como la empatía y la simpatía.

COMPASIÓN Y EMPATÍA

Según el Oxford English Dictionary, la palabra empatía se define como: “el poder de identificarse mentalmente con una persona u objeto de contemplación (y así comprenderla completamente)” (Klimecki et al., 2014).

Varios autores sugieren que la compasión tiene componentes adicionales además de la empatía. En particular, un deseo de actuar o actuar para aliviar el sufrimiento se ve como una característica central de la compasión, pero no de la empatía.

Una segunda distinción entre compasión y empatía es que, mientras que la compasión se siente específicamente en respuesta al sufrimiento, la empatía puede aplicarse a una gama más amplia de situaciones, por ejemplo, uno podría sentir empatía con la ira, el miedo o la alegría de otra persona (Pommier, 2011).

Además, hallazgos neurocientíficos recientes sugieren que diferentes regiones del cerebro se activan en respuesta al entrenamiento de compasión y empatía (Ashar et al., 2017).

COMPASIÓN Y AMABILIDAD

Finalmente, la compasión está frecuentemente vinculada a la amabilidad (kindness – definida por el Oxford English Dictionary como “la calidad de ser amable, generoso y considerado“). Por ejemplo, Neff y Pommier (2010) incluyen “amabilidad” como un componente de la compasión y la compasión incluso se ha definido como “amabilidad inteligente” (NHS, 2013). Sin embargo, estos dos términos también tienen distinciones: por ejemplo, como la compasión esbozada incluye elementos más allá de la amabilidad (por ejemplo, reconocer y ser tocado por el sufrimiento); asimismo, la amabilidad incluye elementos más allá de la compasión, ya que la amabilidad no solo está vinculada al sufrimiento (por ejemplo, recordar el cumpleaños de alguien es amable pero no compasivo). Además, la compasión no siempre implica amabilidad en el momento (por ejemplo, adoptar un enfoque de “amor duro” puede ser compasivo, pero no amable).

Aunque la compasión incluye procesos comprensivos y empáticos como informantes para ayudar en el compromiso y la reducción del sufrimiento, la compasión puede incluir otros factores como el cuidado del bienestar, la sensibilidad a las necesidades  de los demás. , la capacidad de tolerar la angustia emocional y el no juzgar (Heyes, 2018; Suddendorf, 2018).

La distinción clave de la motivación compasiva en comparación con competencias tales como la empatía y la simpatía, es que la motivación de la compasión es reducir el sufrimiento (Kirby, Day and Sagar, 2019).

MOTIVACIÓN COMPASIVA

La motivación de la compasión probablemente surgió del cuidado de los mamíferos, lo que requiere que la atención de los padres esté centrada en la angustia y las necesidades del otro (es decir, descendencia / bebé), y luego gire y se acerque a las señales de angustia para ayudar a aliviar la inquietud, ya sea ser a través de la protección si está amenazado, alimentación si tiene hambre, rescate si está distante o tranquilizar si está angustiado (Durkin, Usher and Jackson, 2019).

La compasión humana surge de esta motivación básica de cuidado de los mamíferos y combina competencias cognitivas complejas que han evolucionado en los últimos dos millones de años.

Estas incluyen las inteligencias sociales de conocer la conciencia (es decir, la capacidad de mentalizar y participar en la atención plena, tener un viaje mental en el tiempo, el pensamiento simbólico); conciencia empática (es decir, comprensión de por qué sentimos / pensamos / actuamos de la manera en que lo hacemos y la de los demás); y conocer la intencionalidad (es decir, elegir deliberadamente cultivar motivos específicos y desarrollar habilidades específicas para representar el motivo) (Suddendorf, 2018; Kim, Cunnington and Kirby, 2020).

Estas competencias cognitivas sociales permiten fortalecer el motivo compasivo, a través de un trabajo constante y el entrenamiento, y por lo tanto, la compasión se puede aplicar más allá de la descendencia o los grupos de parentesco y extenderse hacia otros (MacBeth and Gumley, 2012; Patil et al., 2018).

La compasión es una parte importante y fundamental, es un deber  en el trabajo diario de los profesionales de la salud (Durkin, Usher and Jackson, 2019).

Recientemente la revisión de Durkin, Usher and Jackson (2019) lo confirma buscando respuesta a la pregunta: “¿cómo las enfermeras expresan la compasión y cómo la reciben los pacientes en entornos hospitalarios?”. Pregunta surgida a raíz de los informes de los medios y las agencias gubernamentales americanas que han abordado los déficits percibidos de compasión en la atención médica, con enfermeras acusadas de falta de compasión. La investigación sobre la compasión hasta la fecha se ha centrado en gran medida en la naturaleza problemática de la compasión, como el agotamiento, la fatiga y otros resultados negativos personales y relacionados con el trabajo.

Según los autores, las enfermeras encarnan y representan la compasión a través de comportamientos como pasar tiempo con los pacientes y comunicarse de manera efectiva con los pacientes. Los pacientes experimentan compasión a través de un sentido de unión con las enfermeras. En conclusión, la investigación existente demostró la disonancia entre la expresión de compasión de las enfermeras y la forma en que los pacientes experimentan la compasión. Los temas identificados en esta revisión deben ser considerados por los profesionales de la salud que ofrecen atención al paciente. El mensaje y lo relevante para la práctica clínica es que los proveedores de salud (N. del A. escuelas, universidades, hospitales, clínicas, etc.) deben reconocer y explicar el tiempo que las enfermeras necesitan con los pacientes para demostrar compasión en la práctica. Es decir: educar a los profesionales ya los pacientes, eliminar la subjetividad como la ambigüedad de los términos y examinar la relación entre la compasión y el sufrimiento.

COMPASIÓN Y NEUROCIENCIA

Estas evoluciones cada día más están avaladas por la neurociencia (Kim, Cunnington and Kirby, 2020; MacBeth and Gumley, 2012). Las investigaciones teóricas y neurofisiológicas sobre la compasión están floreciendo, sin embargo, los mecanismos neurales putativos que sustentan tales procesos son menos conocidos.

Kim, Cunnington and Kirby (2020) han llevado a cabo un metaanálisis sobre la Estimación de Probabilidad de Activación (Activation Likelihood Estimate – ALE) para determinar los procesos neuronales relevantes para la compasión.

Ese análisis reveló la activación común en siete amplias áreas que abarcan las regiones frontales, prominentes y del mesencéfalo (frontal, salience, and midbrain regions) con los picos más grandes localizados en el Periaqueductal Grey, Anterior Insula, Anterior Cingulate, e Inferior Frontal Gyrus (Figura 2).

Figura 2: Regiones comunes de activación de Kim, Cunnington and Kirby (2020)

  1. Circunferencia frontal inferior bilateral (arriba) y sustancia negra / periacueductal gris (abajo)
  2. Cingulado anterior (arriba) y Cingulado subcalloso (abajo)
  3. Insula anterior bilateral
  4. Putamen Izquierdo y Tálamo Izquierdo.

Pico de activación por debajo de FDR, p <0.05

 

Argumentan que las investigaciones futuras en la ciencia de la compasión continúen con un enfoque multimodal para examinar los vínculos entre la actividad neuronal y el comportamiento prosocial real, y recomiendan la aplicación de paradigmas de fMRI sobre la compasión con poblaciones clínicamente diagnosticadas para comparar las tendencias actuales en psicoterapia como la Terapia enfocada en la compasión.

Por primera vez, se realiza una metanálisis basada en coordenadas y una revisión de las investigaciones con pruebas de imágenes funcionales relacionadas con la compasión.

Las tradiciones en la literatura consideran la compasión como impulsada por la emoción, la mentalidad o modulada por las características del entorno o del objetivo.

Dada la diversidad de investigaciones sobre la compasión hasta la fecha, el futuro de este campo se beneficiaría de una especificidad, claridad e innovación experimental mucho mayores, para aproximar mejor tanto la motivación como la acción compasiva.

Para conseguirlo, Kim, Cunnington and Kirby (2020) proponen cinco consideraciones principales para ayudar a guiar los trabajos futuros.

1) Primero, aunque sea difícil, recomiendan que las futuras investigaciones de neuroimagen busquen establecer vínculos entre los datos neuronales y el comportamiento concreto real fuera del escáner, como los actos prosociales o altruistas. Por ejemplo, una inclusión de un paradigma de donación para examinar si las personas actúan de manera prosocial dando a los objetivos identificados que están sufriendo (Ashar et al., 2016b). Alternativamente, la inclusión de tecnologías de realidad virtual también podría ofrecer oportunidades únicas para examinar la activación cerebral en contextos donde el sufrimiento es urgente (por ejemplo, alguien en una casa en llamas), para examinar tanto la activación de la región cerebral como las acciones conductuales del participante (Patil et al., 2018).

2) En segundo lugar, recomiendan que las futuras investigaciones de neuroimagen consideren estudiar poblaciones clínicas como las que tienen depresión y / o ansiedad, para comparar las tendencias actuales en la terapia (Kirby, 2017; Kirby, Tellegen and Steindl, 2017).

3) En tercer lugar, reiteran la recomendación de Ashar et al. (2016)(Ashar et al., 2016a) para futuras investigaciones de neuroimagen de compasión para considerar un enfoque de sistemas y / o neurociencia computacional (Bassett, Zurn and Gold, 2018) como la conectividad eficaz (Friston et al., 2019) . El enfoque de conectividad eficaz modela la función neuronal subyacente de los datos tradicionales de fMRI, y puede considerar las relaciones entre las regiones que interactúan en una red dadas las perturbaciones experimentales. Creen que la adopción de este método puede permitir una comprensión más profunda de la motivación compasiva y su capacidad para predecir el comportamiento objetivo. Por ejemplo, Weng et al. (2013) realizó un enfoque de este tipo e identificó un mayor acoplamiento de la corteza prefrontal dorsolateral y del núcleo accumbens después de que el entrenamiento de compasión predijo mayores niveles de comportamiento de ayuda, medidos como donaciones monetarias (Weng et al., 2013).

4) Cuarto, cuando se mide y evalúa la compasión en investigación, recomiendan utilizar varios métodos, como neuroimagen, parámetros fisiológicos (ej. variabilidad de la frecuencia cardíaca) (Matos et al., 2017; Kirby et al., 2017), paradigmas conductuales y de autocontrol. Conjuntamente, estas diversas herramientas de medición ayudan a proporcionar información y estimaciones sobre lo que es el compromiso y el comportamiento compasivo. Cuando los estudios que evalúan la compasión se basan solo en una sola forma de evaluación, en particular en las medidas de “auto-informe”, existe el riesgo de que la compasión se combine con otros elementos como la empatía, la atención plena o la amabilidad (Gilbert, 2019).

5) Quinto, para responder al llamado de “programas de capacitación en compasión que enseñen habilidades para mantenerse comprometido con el sufrimiento de los demás sin sentirse abrumado o demasiado angustiado, [lo cual] podría reducir el miedo a sentir compasión y ayudar a mantener la compasión en situaciones difíciles” (Ashar et al., 2019), creen que los enfoques actuales y emergentes, como la Terapia centrada en la compasión y el Entrenamiento mental compasivo, son candidatos ideales para las neurociencias en el futuro.

En conjunto, Kim, Cunnington and Kirby (2020) creen que estas cinco recomendaciones para considerar el comportamiento objetivo, muestras clínicas, sistemas o métodos computacionales, diseños multimodales y enfoques terapéuticos validados, ayudarán a la neurociencia a identificar una motivación más concretamente compasiva y su relacionado comportamiento.

Escuela Superior de Osteopatía

Prof. Dr. Antonio Ciardo, DO, MSc, MBA


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