Hace unos años, la osteopatía se vio inmersa en una tormenta institucional en España. Se le colocó la etiqueta de «pseudociencia» en listados oficiales y el debate, lejos de ser solo técnico, se convirtió en una cuestión política y social. Lejos de caricaturizar este episodio, es quizás el mejor momento para explorarlo sin tabúes, con curiosidad y, sobre todo, con la humildad necesaria para crecer.
Una profesión no progresa cuando se limita a defender dogmas; progresa cuando acepta poner sus certezas a prueba.
¿Qué es, realmente, la pseudociencia?
Para reflexionar con rigor, primero debemos definir el terreno. La pseudociencia no es simplemente aquello que «no está probado» o que «es falso». Según el consenso académico, un enunciado pasa a ser pseudocientífico cuando:
- Trata sobre un tema que pertenece al dominio científico.
- Carece de fiabilidad metodológica.
- Se presenta, sin embargo, como la forma más fiable o absoluta de conocimiento sobre dicho tema.
Además, existe un componente actitudinal: la resistencia al cambio cuando nuevos datos contradicen creencias previas. Por tanto, la pregunta que debemos hacernos como osteópatas no es «¿somos ciencia?», sino «¿qué parte de nuestra práctica o discurso se comporta de manera científica y cuál se resiste absurdamente a la evidencia?”.
La trampa del «todo o nada”
La mayor injusticia de etiquetar la osteopatía, en bloque, como pseudociencia es ignorar su inmensa pluralidad. La osteopatía no es una definición única ni estable:
- En algunos países es una profesión de salud universitaria; en otros, queda en un espacio intermedio.
- En la práctica, la heterogeneidad es la norma: conviven perfiles profesionales muy diversos, desde quienes basan su actuación en la literatura científica más actual hasta quienes se aferran a discursos dogmáticos.
Reducir tal diversidad a una sola etiqueta es analíticamente deshonesto. Si hay discursos o actitudes pretenciosas dentro de la profesión, deben ser criticados, pero ello no invalida el núcleo de una práctica clínica manual basada en la anatomía, la fisiología y el juicio clínico.
Una reflexión sobre la Medicina (y la evidencia)
A veces olvidamos que la llamada «medicina convencional» no es un bloque monolítico de certezas absolutas. Muy pocas prácticas médicas cuentan con una evidencia de nivel máximo; la mayoría descansan sobre niveles de evidencia moderados. Exigirle a la osteopatía una infalibilidad que no existe en otras áreas de la salud es un sesgo que debemos señalar.
En la clínica real, la medicina no es estrictamente mecanicista. Existe la incertidumbre, la necesidad de adaptación al paciente y, sobre todo, la alianza terapéutica. Escuchar al paciente, hacerle partícipe activo y generar una relación de confianza tiene un valor clínico respaldado por datos. No debemos hacer solo lo que «dicta el manual», sino aquello que tiene sentido ético y funcional para la persona que tenemos delante.
Historia y evolución: más allá de los orígenes
Juzgar los textos fundacionales de finales del siglo XIX con los filtros de 2026 es un ejercicio anacrónico. La medicina de la época de A.T. Still era, en muchos casos, tan incierta y agresiva como las prácticas que hoy cuestionamos. La osteopatía no fue una anomalía extraña; nació en el contexto de su tiempo.
El futuro de nuestra profesión no está en defender lo que Still escribió hace 130 años, sino en lo que podemos probar hoy. Existen líneas de investigación prometedoras: efectos del tacto en el sistema nervioso, cambios en biomarcadores, el valor de la intersubjetividad… fenómenos que son perfectamente estudiables si dedicamos más recursos, más financiación y, sobre todo, más colaboración con otras ramas de la ciencia.
Conclusión hacia el futuro
La osteopatía no es «perfecta», ni todo lo que se practica bajo este nombre «vale”.
Hay que reconocer que existen zonas problemáticas y discursos débiles es el primer paso para blindar la profesión.
La discusión útil no es una batalla de «todo o nada”.
La verdadera pregunta es qué afirmaciones concretas, qué actitudes y qué formas de práctica resisten mejor el análisis hoy.
En Grupo Thuban, apostamos por esa evolución: por una osteopatía que descarta el dogma porque prefiere el rigor, que colabora porque conoce sus límites y que, por encima de todo, entiende que el mayor valor de una profesión de salud es su capacidad de ser puesta a prueba.
MARIO GONZALEZ
- Osteopatía en Bélgica en la FBO (1992), Osteopatía en España en la EOM – Universidad Alcalá de Henares (1997).
- MSc en Osteopatía y Terapia Manual por la Universidad Cat. S. Antonio de Murcia (UCAM).
- Co-fundador y Co-director de la Formación Belga Española de Osteopatía (FBEO).
- Director de European Osteopathic and Research Academy (EORA).
- Especializado en diversos abordajes en Osteopatía, Fisioterapia y terapia manual.
- Participó activamente en la creación y coordinación de varios programas académicos en osteopatía y terapia manual tanto en España como en Italia.
- Director en múltiples formaciones de osteopatía privadas.
- Dirección y docente en el Máster Oficial de Osteopatía y Terapia manual de la Universidad Europea de Madrid.
- Docente y ponente en másteres y congresos internacionales: España, Italia, Francia y México.
- Colabora en varios programas de desarrollo académico en Osteopatía en Europa (OSEAN).
- Actualmente compagina su labor clínico y docente a la vez que inicia su presencia en el sector de la investigación clínica, contribuyendo en diversos estudios piloto.
- Su experiencia de 37 años en el mundo de la terapia manual ha ido evolucionando, incorporando y actualizando conocimiento en múltiples ámbitos de la biomecánica, cinemática articular, neurofisiología del dolor, cadenas musculares, trabajo fascial y neuromodulación no invasiva.
- Todo ello permitiendo integrar conceptos de valoración y atención al paciente y desarrollando estrategias de tratamiento que incluyen una visión actualizada y en equilibrio con la esencia en Osteopatía.


